El placer de hablar por Asha Miró

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El verano pasado, estábamos una noche sentados en la terraza de un bar. Era la hora de la cena y al lado nuestro, familias con niños estaban charlando animadamente de las peripecias de un día intenso de playa, luciendo bronceado y bonitos sonrisas. Acompañados por un cielo lleno de estrellas, era de aquellas noches que invitan a las confidencias . En una mesa a nuestro lado, había un grupo de chicas jóvenes , que entre bocado y bocado, escribían con asiedad en sus respectivos móviles. Mi hija, curiosa, nos dijo:

– Mama mira, están todas enganchadas a sus móviles !

Y así era!. Aquellas chicas, no hablaron entre ellas, sino que estuvieron todo el tiempo escribiendo, a una velocidad vertiginosa y totalmente enfrescadas en conversaciones a través de sus respectivos móviles. En realidad, sólo paraban de apretar las teclas para zamparse un trozo de pizza.
A raíz de aquella escena, empezamos a hablar con nuestra hija de los pros y los contras de tener móvil. Ella juró y perjuró que nunca haría esto con sus amigas. Con el tiempo ya veremos!

phubbing

Ahora, pasados ​​unos meses de haber vivido esa escena, un compañero de trabajo me preguntó si sabía que era el “phubbing”. Acostumbrados últimamente, a vivir el nacimiento de terminologías en inglés relacionadas con el mundo nuestro de los móviles, imaginé que la cosa iba por ahí .

Sí , si , el phubbing , es algo que seguro que muchos de nosotros hemos sufrido en alguna que otra ocasión. Consiste en el acto de despreciar a quien está a nuestro lado, poniendo más interés y atención al móvil o a otros aparatos electrónicos. ¿Verdad que lo habéis sufrido en más de una ocasión? Cuántas conversaciones han quedado interrumpidas por una llamada, por el sonido estridente de la llegada de un whatsapp o por unas imágenes de la tele que han pasado por delante de las palabras ?

El descubrimiento de esta nueva palabra, ha dado pie para hablar de nuevo con nuestra hija, retomando la conversación del verano .
En casa, en la mesa, están “prohibidos” los móviles . No es ninguna imposición, sino tan sólo un gesto de educación básica a la hora de compartir una mesa , como sería el hecho esperar a que todos estén servido para empezar a comer o tantos otros pequeños gestos que desde pequeños hemos intentado inculcar.

Lo que más me preocupa, es que nuestro hijos puedan caer en la trampa de, como dicen las estadísticas , convertirse en el 90 por ciento de adolescentes que prefieren tener conversaciones vía celular que no cara a cara.

adiccion al movil

Donde quedará la felicidad que uno siente de mirar los ojos a otro mientras le hablas, o de seducir a través de una voz melosa o el placer de tener una conversación sincera y de corazón a corazón?

A raíz de estas malas prácticas y del mal uso del móvil, se han alzado grupos “antiphubbing”. Pero creo que no habría que llegar a esto si todo el mundo fuera un poco más consciente y en cada momento aplicáramos un poco más el sentido común.

Hace años que me deshago del móvil los fines de semana. Al principio me cost , pero con el tiempo he recuperado la libertad de disfrutar de mis días de descanso y de estar en familia. Me propuse el reto y lo he conseguido. Quizás sería la hora en que cada uno se propusiera ese reto!
El mal uso de las nuevas tecnologías no debería hacernos perder aquellos valores que han sido el puntal de nuestras vidas, como es el placer de conversar con una persona cara a cara.

Por Asha Miró


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